El peso de la máscara

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En esta entrada les vengo a platicar acerca de mi experiencia vivida la noche del viernes 21 de abril en la que asistí a la primera fase del ciclo de cine acerca de masculinidades en el espacio feminista “Cuerpos parlantes”. En esta fase fue proyectada la película “The mask you live in” que trata acerca de la cómo se define la masculinidad en la sociedad.

Desde muy al inicio de la proyección distinguí que para que alguien sea considerado masculino es necesario que rechace todas aquellas cualidades, actitudes, ideas y sentimientos que son consideradas femeninas como lo son la crianza, el trabajo doméstico, comportamientos afectivos, empatía, expresión emocional y demás aspectos de los cuales sin muchos de estos, siendo personas, es imposible prescindir. De esto que los hombres que quieren ser considerados masculinos comiencen a reprimir una gran gama de emociones para seguir “en control de la situación” pues desde ahí será valorado o sancionado por el resto de la sociedad.

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¿Qué tanto pesa la masculinidad que los hombres nos vemos orillados a privarnos de tantas experiencias humanas como las emociones y las muestras de afecto?

Pesa y pesa mucho, pareciera que uno nunca podrá llegar a ser lo suficiente masculino desde este concepto pues siempre se busca negarse como humano y en esa transformación de niño a hombre la persona se deslinda de responsabilidades como el cuidado de sí (pues el hombre tiene derecho a poseer a alguien que lo haga por él, ganando el derecho al ocio), con sus allegados deberá negar sus afectos, ser “independiente” sin importar lo que le pase al de al lado para así ser exitoso, ganar la supuesta competencia que es la vida vista desde la explicación ridícula de la carrera de espermatozoides y el éxito laboral.

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Si el hombre masculino no puede permitirse preocuparse por los demás, ser emocional, criar ni relacionarse con otrxs sin dominación entonces ¿en qué se transforma? Algunas ideas se muestran en las imágenes. Desde mi punto de vista el hombre hyper masculino podría asemejarse a estos asesinos, políticos y luchadores quienes violentan continuamente y parece que su único motivo es atormentar a las personas que le rodean, claro haría falta aquel que esclaviza al otro y muchos otros, el punto es que el hombre desde este concepto de “masculino” da miedo, y mucho.

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Descubrí que la masculinidad pesa un chingo, pero lo más alarmante es que nosotros los “hombres masculinos” tampoco nos encargamos el inmenso peso de la horrible máscara pues quien carga la peor parte de este peso de la masculinidad es la mujer, en conjunto con aquellas personas quienes se definan, actúen o sea leídas como femeninas pues ellas sufrirán mucho más de la violencia sistemática, la cosificación, acoso, injusticia, esclavitud, entre muchas otras atrocidades.

Masculinidades: ¿Hombres feministas?

Siguiendo el tema de masculinidades, el miércoles 11 se dio otro conversatorio en la café de la biblio del ITESO. En el pódium estaba Héctor Robledo y Paúl González con Mariana Espeleta de moderadora.

El chiste aquí era problematizar y para empezar se toco la siguiente idea: Las mujeres crean el feminismo, el feminismo se aborda a través de los estudios de género, los estudios de género abordan las masculinidades, el estudio de las masculinidades actualmente es insuficiente. Esto principalmente porque se maneja un modelo de masculinidad hegemónico, estático e irreal. Así que si no es a través del análisis de estas masculinidades, ¿cómo pueden identificarse los hombres como sujetos del feminismo? Claro que como lo dijo Héctor se puede empezar por reconocer la situación de ventaja en la que se vive por tener pene y lo primero es “dejar de chingar” a las mujeres, pero consideramos que esto debería de trascender a asumir la lucha como propia.

Se recalca como prevalece el concepto de que el espacio público es del hombre. Hasta la tumblr_ntjh5gk3gl1rfp0s4o1_400fecha es una mayoría abrumante los hombres que están es puestos de poder, tanto gubernamental-mente como económicamente. Y no sólo ahí, porque el abarcamiento de las calles sigue siendo para aquellos machos quien juzga mantiene a la mujer dentro del concepto que debería de dedicarse a la casa y los hijos porque aquellas que reúnan fuera, claro, son por chismosas, nada bueno podrá salir de ahí.

 

Por otro lado, se habla de cómo estos privilegios hay que saber identificarlos. Paúl hace referencia a Monique Wittig  cómo el hombre tiende a gozar al menos de dos esclavas como son su madre, su novia, su esposa, su hermana. Esto consideramos una fuerte declaración por el grado de veracidad. ¿A cuántos no conocemos que su mamá no les da de comer en la boca sólo porque no va al trabajo o la escuela con él? Y aún así, con toda esta atención, Paúl declara que el 97% de la población carcelaria son hombres. ¿Será que esta excesiva atención va de la mano de la permisidad? Porque la crisis de seguridad que se respira cada hora de cada día es ocasionada por esta mayoría de hombres que viven en el más rápido, más peligroso, más rico, más atrevido. Una cultura que resulta en lo que se conoce como la Triada de la Masculinidad que resalta cómo los hombres nocivos: contra sí mismos, contra mujeres y contra pares. Quienes más se suicidan y entran en riñas (y matan mujeres) son hombres. A todo esto, no podemos perder de vista la intersección entre raza, clase y género. Es en un lapso entre los 14 y los 24 años que los varones, matan más y mueren más.

Sí, todo esto debe de cambiar, pero para conocer treeel problema hay que invertirle recursos y Paul toca un tema algo controversial: ¿Deberían los hombres colgarse del presupuesto (ya limitado) del feminismo? Al final de cuentas, son estudios sobre género y la diversidad sexual y estan entrelazados, right? Pues en general es un tema que no se le destinan los suficientes recursos y por ende se mantiene una masculinidad hegemónica que crea más dudas que las que responde.

Comienza a pasarse la palabra y Mariana hace una dura mención ya que “son muchos años entrándole las mujeres y muy poco tiempo involucrándose hombres.” Y bajo el paraguas del feminismo cómo se va buscar la equidad si la mitad de la población no está incluida. Y es que los espacio para hablarlo son pocos. Pero Espeleta también lanza otro cuestionamiento. ¡Queremos enserio seguir hablando sobre masculinidades o deberíamos de enfocarnos en deshacer el género, quedarnos en lo queer?

Se responde que no es que no se hable de género, sino que es un tema muy atropellado donde no hay discusión crítica. Suelen ser hombres quejándose de las mujeres sobre sus incapacidades (aunque consideramos giphy2que esta es una vía de dos caminos del femenino como del masculino). Sobre esto nos inclinamos a que sería mejor crear nuevas identidades que a las que están propuestas, aquellas que se alejen de prácticas capitalistas. Más que estudiar el género estudiar se busca estudiar las mismas prácticas patriarcales. Michelle Franco comparte que es lo que vemos que se está repitiendo y replicando de distintas maneras.  Practicas patriarcales, desde el no involucrarse, no escuchar, desde su burbuja de privilegio, desde la relación autoridad-sumisión.

Otra compañera señala que también tiene que ver con culturas que no sólo están, sino que se expanden, para ejemplificar esto señala que antes la música de banda era de zonas populares, pero ahora se escucha por todos lados. Ante esta declaración llegan varias críticas de cómo esto trasciende un género musical. Más bien hablamos de una violencia normalizada porque en México todo se puede. En especial si tienes dinero y nexos al narco o al gobierno o al narcogobierno como es el ejemplo de “los Porkys” de Veracruz y su rampante impunidad donde pueden violar a jóvenes y a pesar de toda la evidencia todavía se dignan a demandar a quien hable mal de ellos. En términos analíticos, la clase tiene mucho peso, por eso devolverle el acento también a la intersección clase, raza y género.

Entendemos que es un tema que da para muchísima discusión, pero el tiempo en ese b20c9794dcee74a6de31cdb9ccb59963momento no alcanza. Al final varios compañeros comparten su interés en el tema, y cómo en psicología si es algo que se dialoga constantemente pero como ingenieros ni lo mastican. Cabe resaltar que de los 18 totales, sin contar Héctor y a Paúl, éramos 12 mujeres y 6 hombres, algo que rara vez sucede u que todos fueramos queer y entonces no importara .  En una de las reflexiones de cierre, se hace una petición de por favor crecer estos espacios que hablan sobre temas feministas pero en torno al hombre porque ella cree que así podría hacerle llegar mejor el tema a su hermano.

Nos quedamos unos 30 minutos más porque Alicia le pregunta a los ingenieros que si creen que tuvo impacto el hecho de que los presentadores fueran del género masculino. Ambos repiten que sí pero no para ellos, haciendo referencia a un chavo que compartió que estaba en la cafetería haciendo otras cosas pero le interesó el tema y se quedó. Analizamos como es que quizás si es conveniente que hombres hablen de este tema mientras estén en la posición de poder y aún así renuncien al mismo porque esto puede generar mayor empatía y escucha por parte del público que es machista sin darse cuenta. Si pasan de ese punto, si ya se inclinan hacia posturas feministas y entonces sería irrelevante el género del locutor.

Este diálogo nos deja más preguntas que respuestas: ¿Cómo incluimos al hombre que se une a la lucha? ¿Cómo no caer de nuevo en el rol de cuidador al enseñarle al otro lo que la postura feminista es? ¿Quién debería de estar al frente de esto?¿los mismo hombre? ¿Se repetirá la historia si hombres asumen roles de poder dentro del movimiento social que revindica la mujer?

Entrada por Alicia G. y Mónica V.

 

Venimos a incomodarlxs

Vivimos el feminismo como aquellos que niegan el calentamiento global (toda evidencia empírica y científica apuntan a que se deben de generar cambios que son positivos para la sociedad, pero como el cambio implica esfuerzo y pérdida de privilegios es más cómodo quedarse estático).

Y es que en el salón de ITESO y en clase de EGPS, hablamos del feminismo como lo obvio, lo lógico, lo inevitable, pero al salir de esas cuatro paredes y de esos 100 minutos, se acaba nuestra utopía de un mundo equitativo; lo que no se acaban, son las ganas de luchar por cambiarlo.

Si bien nos abanderamos como feministas, al salir a buscar el cambio nos topamos con diferentes formas de predicarlo. Iniciamos desde cómo hablamos. Bien lo dice Varela que desde el lenguaje comienza la discriminación, pues todo para empezar es en masculino. Por escrito podemos cambiarlo y poner nosotrxs, con esa mágica ‘x’ que hace hincapié en la ausencia de género. Pero al hablar una alternativa que proponemos es referirnos entre nosotros como ‘la persona’ el cual es de los pocos conceptos que aunque está en femenino engloba ambos sexos. Aún así sólo hay tantas cosas que podamos neutralizar en el lenguaje, ya que como lo habla el texto, desde el concepto de Dios como hombre se enfatiza la supremacía de lo masculino, y tales casos lo mínimo que podemos hacer es reconocerlo.

Pero cómo comunicamos nuestro mensaje es sólo la mitad, ahora falta el qué comunicamos. Entre nosotras encontramos que hay mejores formas de llegarles a unxs que a otrxs. Al dialogar con ‘hombres’ podemos presentar argumentos sobre cómo el patriarcado también los reprime al crear una expectativa de cómo deben de ser y limitando distintos ámbitos de su vida. Pero coincidimos con Varela en que resulta contraproducente querer equiparar la afectación que tenemos nosotras como mujeres a la que tiene en los hombres, cuando claramente quien la lleva de perder por la subordinación somos las féminas.

 

Al presentar argumentos y evidencias sobre un modelo patriarcado-capitalista, que demuestra cómo lucran con la mujer habrá tres grupos de respuesta dentro los hombre según Varela. Saldrán los abiertamente machistas, pobres almas perdidas por las cuales haremos poco y nos desgastaremos menos; después estarán los pseudo-feministas chingadiscreto, aquellos que se disfrazan de feministas para impulsar a que la mujer absorba más responsabilidades sin que ellos hagan lo mismo; y por último estarán los verdaderos aliados a la causa, los corresponsables como los llama Ortner, los compañeros que viven el feminismo en su día a día.

Al hablar con otras que comparten el género y el sexo, el diálogo cambia. Nosotras también encontramos distintos grupos. Están las ignorantes, por no encontrar otro adjetivo más adecuado sin llegar a la ofensivo, que son aquellas que se viven y respiran como la costilla de Adán. Mujeres que sí creen que son complemento del hombre y usan la reproducción como base para todo argumento donde la mujer depende del hombre y viceversa. Después están las convenencieras, mujeres que dicen “sí, yo soy bien fregona y todo puedo, pero mejor que pague el hombre, que me carguen el garrafón y me quiero casar virgen por respeto a mí, no a la sociedad” (simón). Y hasta el final y quizás el grupo minoría estamos nosotras que venimos a incomodarles, a recordarles que sí puede ganar más dinero una mujer que un hombre, que cogemos en la primera cita (o sin cita, pa’ qué ver una película o pagar una cena cara, la cual obviamente pagamos nuestra comida).

En fin, seguiremos usando nuestra voz y nuestro cuerpo para transmitir el mismo mensaje de las sufragistas:merecemos y obtendremos las mismas oportunidades. Por más radical y en contracorriente que estemos, son estas ideas las que logran que el mundo se mueva, a la buena y a la no tan buena porque no somos un objeto, ni un mercado, ni un sumiso o inferior;  somos persona.

 

-Alicia Gómez, Emily Fajardo, Michelle Franco, Celesthe Padrón & Mónica Vargas

 

Masculinidades frente al feminismo.

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J. Stuart Mill y Harriet Taylor

Como parte de la sesión del día 4 de Febrero, los alumnos Luis Óscar Flores, Alejandro Flores y Sebastian Subizar nos reunimos a petición del profesor Héctor. Esto con el fin de realizar una reflexión grupal y espacio de conversación alrededor de la lectura del capítulo 13 de Feminismos para Principiantes de Nuria Varela. El capítulo discutido corresponde a las masculinidades, más específicamente en su relación con los feminismos.

La discusión inició compartiendo las opiniones sobre el texto citado “Por cada mujer hay un hombre”. Se llegó a la conclusión de que tanto primera como segunda edición del texto tienen parte de razón, pero la primera parece poner la opresión a hombres y mujeres como equivalente, cuando no lo es.

Luego de esos retomamos la cuestión que más ruido nos hizo a dos de nosotros, la posición de los hombres frente al feminismo. Retomamos que existen 4 posturas, 3 de “aceptación” y 1 de oposición. La de oposición es clara, es un hombre que se niega al cambio en los roles y estilo de vida. En otro perfil hay un dialogo doble, donde el hombre está dispuesto al cambio en las mujeres, pero no si este supone un cambio significativo en su propio estilo de vida o un esfuerzo de su parte, inclusive puede mostrarse agresivo frente a los esfuerzos de las mujeres feministas.

El perfil de acompañante “pasivo”,  quizá el más común después del feminista misógino, consiste en un hombre que le resulta agradable la postura feminista, o más bien tolerable, pero no asume ninguna clase de compromiso. El acompañante verdadero, en contraposición, es aquel que asume todos los compromisos de los que es consiente a favor de una revolución de la vida cotidiana e institucional.

Hubo una breve discusión sobre en qué posición nos sentíamos identificados. También hablamos sobre los privilegios, el hecho de que estos no son congénitos y por tanto pueden ser rechazados. En relación a esto recordamos el caso de J. Stuart Mill, el cual renunció al momento de casarse a sus privilegios y poderes sobre la vida y bienes de su esposa. Discutimos un breve momento las condiciones contemporáneas en razón de derechos civiles de las mujeres de la época en comparación por los derechos en nuestro contexto, especialmente refiriéndonos a la patria protestad.

La discusión se fue derivando a temas de opresión y contra respuesta, comparándolo con movimientos como el anti-racismo y los grupos radicales como los black panters. No llegamos a una conclusión, pero se distinguió una tendencia en el debate hacia la discusión sobre la forma en la que la igualdad debe ser buscada y escasamente se discutieron los modelos de masculinidad, haciendo mayor énfasis en la parte del texto correspondiente al hombre frente al feminismo.

Masculinad(es) en Masturbatorium

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El pasado 16 de junio Jenny del Rincón, Héctor Eduardo Robledo y Cynthia Zárate, estuvimos charlando sobre “Masculinidad(es)” con Delia González, Alonso Grajeda y Alpuche en su programa de radio en línea Masturbatorium, por http://mobius.mx

Podcast:

¿Masculinidad o masculinidades? Privilegios y afecciones , variantes culturales de la masculinidad, y  temas afines. Una muy agradable tertulia entre compañerxs que hemos coincidido en distintos semestres del curso de Estudios de Género y Prácticas Sexuales de ITESO.